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La ESCUCHA ACTIVA implica presencia y consciencia.

Cuando escuchamos y después decimos lo mismo que íbamos a decir, realmente no hemos escuchado. Por lo tanto, se trata de escuchar para comprender, no escuchar para responder.

Escuchar no es sólo aparentar prestar atención. Evitemos la escucha cosmética. Escuchar es siempre difícil, ya que nos sitúa en una posición vulnerable… Corremos el riesgo de modificar nuestros pensamientos a merced de los demás.

Casi nunca somos objetivos cuando escuchamos pues estamos sujetos a nuestros prejuicios, proyecciones y creencias limitantes. Por eso a ves escuchamos sólo aquello que esperamos escuchar…

En cambio sí escuchamos bien, activamente, podemos obtener mucha más información y con ello, aprender. Pero a veces nos falta serenidad y humildad para reconocer que existen aspectos en nosotros que necesitan mejorar y la comunicación eficaz es uno de ellos.

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La escucha activa se transmite con el cuerpo y con las palabras, mirando siempre a los ojos de manera relajada. Evitando fruncir el ceño, bostezar o tensar la boca. Mostrando interés, parafraseando y apoyando emocionalmente sin entrar en complicidad.

Siempre que hablamos con alguien y nos comunicamos bien, se produce un clima de bienestar, acercamiento y empatía. Ya no vale decir: “yo soy así”, “yo soy como soy” o “es mi carácter”, etc., porque lo que se siente, se transmite y nosotros somos los responsables de transmitir de manera adecuada el mensaje a nuestro interlocutor.

A continuación presento un corto texto que habla sobre la empatía y el valor de la escucha activa. El texto que quiero compartir contigo no lo he escrito yo. ¡Ya me gustaría! Es una de esas joyas que uno se encuentra por casualidad navegando por la red. Se trata de un fragmento escrito por R. O’Donell y que se titula “Acerca de escuchar”.

Este es el texto:

«Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a darme consejos, no has hecho lo que te he pedido. Cuando te pido que me escuches, y tú empiezas a decirme por qué no tendría que sentirme así, no respetas mis sentimientos. Cuando te pido que me escuches, y tú sientes el deber de hacer algo para resolver mi problema, no respondes a mis necesidades.

 ¡Escúchame! Todo lo que te pido es que me escuches, no que hables ni que hagas. Sólo que me escuches.

Aconsejar es fácil. Pero yo no soy un incapaz. Quizá esté desanimado o en dificultad, pero yo no soy un inútil.

 Cuando tú haces por mí lo que yo mismo podría hacer y no necesito, no haces más que contribuir a mi inseguridad. Pero cuando aceptas, simplemente, que lo que siento me pertenece, aunque sea irracional, entonces no tengo que intentar hacértelo entender, sino empezar a descubrir lo que hay dentro de mí».

Con esto recordamos que la mayoría de la gente no escucha para comprender, sino para responder…

Si quieres evitarte desencuentros y disputas innecesarias, invierte en mejorar tu capacidad de comunicación con los demás usando la escucha activa. Para desarrollarla, te proponemos formarte como Counsellor (Orientador Personal), en donde aprenderás útiles herramientas para tu vida personal e incluso profesional pues podrás incluso aumentar tus ingresos apoyando a los demás a través de una escucha activa y empática.

Porque escuchar es respetar los sentimientos del otro y esto siempre nos hace mejores personas

BioPerson©2019

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